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Languages on your brain

Perhaps you’re not aware of it, but you’ve probably taught your tutor something if you’re learning a language. It doesn’t have to be in an academic or orthodox way, like they teach you; I’m talking about a small comment that caught their attention or imagination. 

Last summer, two students who never met each other both told me that they had attended Baroness Susan Greenfield’s talk at the Edinburgh Book Festival. Both are avid readers and went to see many authors but independently said that this was the best one. She spoke about her latest book, Mind Change, in which she analyses the impact that new technologies are leaving on our brain. 

I started this book a couple of days ago and I cannot be enjoying it more. It’s funny, it’s engaging, it’s fascinating and it’s clear for someone with almost no knowledge of science like me. On the other hand, I’m addicted to social media and possibly you are too, if you’re reading this. How are we going to be in a future? More or less social? More human or less human? 

Dr. Greenfield is not very optimistic about the effects of digital technologies on our mind and identities, but today I’m talking about this book because she insists again and again through its pages about how elastic and flexible a brain is. And do you know a better way of changing your grey mass rather than spending a few hours per day tweeting? Learning a second language. 

This is what she says: 

Learning a second language increases the density of grey matter, the changes observed being correlated with skill level. Five months of second-language learning, in this case with native English-speaking exchange students learning German in Switzerland, resulted in structural changes that matched up with the increase in second-language proficiency. Once again, the individual amount of learning achieved was reflected in brain structure changes.

 

Quizá no seas consciente, pero si estás aprendiendo una lengua probablemente le hayas enseñado a tu profesor algo. No tiene por qué ser algo académico o de una manera académica, como ellos te enseñan; estoy hablando sobre un comentario pequeño que atrapó su atención o su imaginación.

El verano pasado dos estudiantes que nunca se han conocido me dijeron que habían acudido a la charla de la Baronesa Susan Greenfield en el Edinburgh Book Festival. Ambos son lectores ávidos y fueron a ver numerosos autores pero independientemente me dijeron que ésta fue la mejor de todas. Ella habló de su último libro, Cambio mental, en el que analiza el impacto que las tecnologías están dejando en nuestro cerebro.

Empecé a leer este libro hace unos días y no puedo estar disfrutándolo más. Es divertido, engancha, es fascinante y es muy claro para alguien con casi ningún conocimiento científico como yo (Eduardo). Por otro lado, soy un adicto a las redes sociales y posiblemente tú también lo seas si estás leyendo esto. ¿Cómo seremos en el futuro? ¿Más o menos sociales? ¿Más o menos humanos?

La Dra. Greenfield no es muy optimista sobre los efectos de las teconologías digitales en nuestra mente e identidades, pero hoy estoy hablando de este libro porque ella insiste una y otra vez a través de sus páginas sobre cuán elástico y flexible es un cerebro. ¿Y sabes cuál es la mejor manera de cambiar tu masa gris en lugar de pasar unas cuantas horas al día twiteando? Aprendiendo una segunda lengua.

Esto es lo que ella dice:

Aprender una segunda lengua aumenta la densidad de la masa gris, los cambios observados son correlativos con el nivel de habilidaad. Cinco meses de una segunda lengua, en este caso con hablantes nativos de inglés convertidos en estudiantes de alemán en Suiza, resultó en una serie de cambios estructurales que coincidían con el aumento de nivel en la segunda lengua. Una vez más, la cantidad individual de aprendizaje se reflejó en cambios en la estructura cerebral.
SALT Edinburgh is the first centre dedicated exclusively to the teaching of Spanish courses in Edinburgh.